Satisfacer siempre a la opinión pública

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Por: Gustavo Guzmán

En la actualidad no importa el buen nombre de una institución o una persona. Tomando en cuenta las autopistas de la información que existen por doquier, que son mal utilizadas, pueden crear desinformación y pánico en los diversos estratos de una población determinada, el más peligroso es que en 3 años vamos  gastado en publicidad más 8 mil millones de pesos.

Basándonos en esto como punto de partida, es indispensable decir que la difusión de información sin ser verificada puede acarrear en fake news (noticias falsas) que desestabilizan una sociedad, creando una percepción inadecuada, además de fijar opinión pública sabiendo de antemano que los ciudadanos son adictos a las emociones provocadas por quienes dominan la estrategia de comunicación, con el puro deseo de crear poder sobre la base de la destrucción masiva de la verdad.

Lo peligroso de todo esto es que ligan la verdad con la mentira, por lo que algunos autores sobre opinión pública tildan de peligroso que se esté jugando a crear una impresión falsa que provoca muchas veces un daño irreparable. Los actores que están gobernando pueden utilizar las emociones como herramienta de ataque a sus opositores reales.

Los gobiernos que juegan a trabajar constantemente los sentimientos de sus ciudadanos pueden prometer cosas que son imposibles de realizar en un determinado tiempo. Es por eso que son expertos en crear noticias fabricadas sin objetividad ni verdad que deben caracterizar las informaciones dadas a la población.

Dentro de eso de vender emociones y sentimientos se esconde la verdadera raíz de todo, que es crear la burbuja perfecta para políticas en favor de una élite. Subir los impuestos como si estuviéramos hablando de los tiempos de Robin Hood. Entre los impuestos aumentados están la licencia de tránsito, el agua potable y la electricidad a corto, mediano y largo plazo.

Se está creando la tormenta perfecta, la presión a la clase media que en picada desestabiliza a los más vulnerables que sienten todo esto en medio aun de la pandemia, sin poder económico por lo menos para comprar lo necesario de la canasta familiar básica.

Mientras los actores institucionales oficiales siguen su objetivo de satisfacer por todos los medios posibles a la opinión pública que ama las emociones, aunque sean una falacia mal construida, sin poder apoyarla en documentos verdaderos.

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